El verano de 2026 ha sido duro en cuanto a los incendios forestales (no sólo en España). Y en consecuencia ha habido mucha opinión, en ocasiones poco informada, sectaria o interesada. Pero también ha habido opiniones e informes interesantes, que deberían tomarse en consideración para el establecimiento de las políticas estatales y autonómicas relativas a este asunto.
Aportamos aquí unas cuestiones básicas sobre los incendios forestales y la regeneración, además de algunos enlaces a otros artículos de interés y fotografías de zonas afectadas por incendios y su evolución posterior.
ALGUNAS CUESTIONES BÁSICAS SOBRE LOS INCENDIOS FORESTALES Y LA REGENERACIÓN
1.- ¿Que es un bosque?
Es la primera pregunta que deberíamos hacernos. ¿Cómo debería ser la masa forestal del monte mediterráneo? Un bosque no es un paisaje de árboles con espacios vacíos para andar, ni un jardín. Es un lugar con vegetación diversa, de edades diferentes, en general espeso (especialmente con abundancia de matorral en el caso del monte mediterráneo). También era antaño un lugar peligroso, algo que ya no es en nuestros días.
No nos queda bosque natural. Todo nuestro paisaje está muy alterado, muy antropizado por siglos de uso, a veces excesivo. Alrededor de 1900 fue el máximo de población rural en España, y en consecuencia el pico de alteración del paisaje por factores como el uso de la leña como combustible único, un pastoreo excesivo y un aprovechamiento agrícola rozando porcentajes muy altos de la superficie total. Sobre esas fechas se alcanzaron momentos de máxima desertización del paisaje, a lo que hay que añadir las talas masivas durante los siglos anteriores para, entre otras cosas, construir multitud de barcos, cuando la marina era la fuerza de dominio de los mares y del mundo, tanto militar como comercialmente.
¿Sería deseable conservar algunas zonas de bosque mediterráneo? ¿Acaso sería deseable combinar áreas de diferentes uso y estado? Por ejemplo, combinar zonas donde el bosque crezca a su libre albedrío, con otros espacios semicultivados (espacios cultivados con rodales silvestres), otras zonas destinadas a cultivos madereros o forestales, y también lugares muy despejados de vegetación que sirvieran de barrera en caso de incendio (el despeje podría conseguirse combinando a su vez actuaciones de desbroces continuados o por usos agropecuarios). Este tipo de gestión, combinando diferentes actuaciones, generaría diversidad de paisajes y de flora y fauna asociadas. Y asimismo evitaría el riesgo de los grandes incendios debido a la continuidad de excesiva masa forestal.
2.- Los incendios forestales.
Los incendios forestales de origen natural han existido siempre, y por algunas crónicas sabemos que a veces fueron también desmesurados.
Sin embargo, en nuestra zona hasta mediados del siglo XX eran reducidos, pero los motivos principales eran la escasez de monte silvestre, a lo que hay que añadir el alto valor que tenía lo poco que quedaba, por lo que la población se volcaba en el apagado de los mismos.
Los incendios son parte del proceso de la vida del bosque. Como se puede observar fácilmente, la vegetación se regenera bastante bien tras un incendio y en unos 30 a 40 años apenas hay evidencias del mismo. Además, también se puede observar que existe una flora y una fauna características de las diferentes fases del proceso de regeneración.
Dicho esto, no quiere decir que los incendios sean buenos, si no que en sus debidos plazos (se estiman unos 50 años para un bosque mediterráneo) y si son parciales y no excesivos en superficie, no son negativos para el medioambiente. Pero ahora, lamentablemente, ocurren en márgenes menores de tiempo y a veces con gran extensión, con el grave riesgo de erosión del suelo y de la progresiva desertización que conllevan.
No vamos a entrar en las causas de los incendios, que es otro tema interesante de tratar, pero podemos resumirlos en los siguientes factores, siendo sin duda el principal el cambio de uso del territorio, con el abandono del medio rural y las actividades vinculadas, principalmente las agropecuarias. También al cambio de las energías, siendo la leña hoy un recurso energético de bajo uso y escaso valor. Además, las reforestaciones y los grandes incendios de las últimas décadas nos han legado un monte con mucho pinar, muy denso y muy inflamable. Por cierto, además muy pobre en biodiversidad.
Debe quedar claro que un uso excesivo del monte no sería lo deseable, como pasaba a principios del siglo XX, cuando apenas quedaba masa forestal. Pero tampoco es deseable el estado actual de masas forestales extensas, densas (excesiva carga combustible) y continuas. Y, como hemos dicho, pobres en diversidad y excesivas en coníferas frente a especies de frondosas.
En las opciones intermedias deberíamos ser capaces de encontrar la solución. Un favorecimiento parcial de las actividades agrícolas y ganaderas extensivas, un manejo adecuado de determinadas zonas forestales, y una parcelación (lo que se llama zonas en mosaico) del territorio, definiendo los usos de cada una de ellas, y por supuesto combinando esos usos. Eso sería el objeto de una política forestal a largo plazo.
Los incendios continuarían existiendo, pero ya no serían tan grandes ni tan frecuentes, y en consecuencia tan dañinos para la naturaleza.
3.- La regeneración del medio natural.
Para empezar, y como en tantas cosas, lo aconsejable sería opinar menos (sin conocimiento) y observar más como se regenera el monte. Comparando la evolución de la regeneración con la vegetación previa al incendio, y tomando de referencia el modelo deseable del bosque mediterráneo.
Por otra parte, no es lo mismo que se queme un carrascal maduro o un bosque con predominancia de matorral, que un pinar de pino carrasco o un pinar de pino laricio (o negral). Y asimismo, tampoco es lo mismo un pinar de pino carrasco de unos 15 años de vida que el mismo pinar pero con unos 40 años de vida.
Las reforestaciones no siempre son necesarias, más bien en pocos casos lo son, pues el monte en general se regenera bastante bien, solo hay que verlo en muchos sitios que han sufrido un incendio.
Las actuaciones de reforestación pueden ser necesarias cuando, por los motivos que sea, la regeneración natural no es positiva, o cuando se quiere modificar la vegetación existente previa al incendio (por ejemplo, por exceso de pinar frente a frondosas). Aun así, no hay que abusar de las reforestaciones o del modo de ejecutarlas, pues las actuaciones con maquinaria pesada, como ocurrió con frecuencia en los años 70 y 80, deja peores secuelas al alterar duramente los suelos.
Un criterio a seguir podría ser el siguiente: tras un incendio no habría que reforestar en principio, pero pasados de unos 3 a 5 años, tras valorar cómo va la evolución, se podría proceder en todo caso a actuaciones de refuerzo.
Y aunque parezca contradictorio, lo que sí sería conveniente realizar a los pocos años del incendio, son las actuaciones de vaciado de pinos y parte del matorral cuando la regeneración natural está siendo excesiva, pues es muy eficaz y fácil reducir los pinos cuando tienen por ejemplo 3 años, con muy leve impacto sobre el terreno, pues en general han rebrotado ya las herbáceas y el matorral, y el suelo no es ya tan frágil frente a la erosión.
Otro tema diferente, pero también controvertido, es la corta del arbolado quemado. En esto (como en todo) hay diferentes opiniones, pero un criterio sería que en las zonas con poca pendiente puede ser apropiado retirar parte de la madera, ya que favorece otros usos y reduce el nivel de combustible en los siguientes años. Pero en las laderas con mucha pendiente con grave riesgo de erosión, en general sería aconsejable no retirar la madera quemada. Y como siempre y en buena lógica, podemos realizar actuaciones combinadas, como por ejemplo retirando franjas de madera, pero no toda.
Hay que considerar que, a priori, todas las actuaciones con maquinaria o muchos operarios en zonas quemadas conlleva el aumento de la erosión en los terrenos, lo que a su vez produce la pérdida de materia orgánica y el posterior aumento de la desertización. Así que cuanta menos actuación hagamos los primeros años, mejor; lo cual no quiere decir que no se hagan actuaciones, pero que no sean excesivas, dejando que la naturaleza, con sus procesos, se regenere en buena parte de un modo adecuado.
La prevención es la mejor herramienta. Las actuaciones de fragmentación del territorio en mosaico con distintos usos y finalidades, es la solución más sencilla y más eficaz. En este paisaje variado, además de los campos cultivados y de pastoreo, se pueden utilizar los caminos para ampliar las bandas que sirvan de cortafuegos, ya que son muy accesibles para trabajar, tanto en las actuaciones preventivas como en las de un incendio propiamente.
ENLACES A OTROS ARTÍCULOS DE INTERÉS
- En el enlace siguiente, el autor (Luis Navarro), con un poco de mala leche, reflexiona sobre la necesidad de atender a los datos con rigor. También alude a que la mayoría de los incendios son provocados por el ser humano (intencionado, negligencia o accidente). Y aporta otras reflexiones respecto a lo que debería ser un ecosistema natural y los procesos de regeneración.
https://lnavarro.webs.uvigo.es/2026/07/28/a-la-mierda-vayanse-ustedes-a-la-mierda/?fbclid=IwY2xjawTe78xleHRuA2FlbQIxMABicmlkETBuNG5LSkNtMDlsZ3JNakVRc3J0YwZhcHBfaWQQMjIyMDM5MTc4ODIwMDg5MgABHquzLh8QkEGL4lNzp2dEbWrugP7p27P4EKJHwRrErKqutUY38t3f6hR6y7gp_aem_16tr0iy6ZO_7T9e2f7ZFJQ
- En este otro enlace, el autor reflexiona sobre los criterios de las grandes reforestaciones que se realizaron en España a mediados del siglo XX, tan cuestionadas y mal interpretadas. Uno puede no estar de acuerdo en todo, pero es interesante la reflexión y los criterios de actuación, que con el tiempo se han distorsionado.
https://blog.ingenierosdemontes.org/2026/08/error-o-estrategia-el-legado-de-luis-ceballos-y-la-verdad-tras-los-pinos-en-espana/
- En este tercer enlace, publicado en el portal de Facebook “Espadànics escaldats”, el autor Josep Herrero, al hilo del gran incendio producido en la Sierra Espadán en agosto de 2026, reflexiona sobre los conceptos de diversidad, incendios y la prevención y actuaciones forestales.
https://www.facebook.com/espadaniques/posts/un-article-de-hui-escrit-per-josep-herrerojosep-herrero-cabanyes-ha-sigut-cofund/1752634516452327/
- El cuarto y último enlace es al portal de Facebook de la SASE (Societat d´Amics de la Serra Espadà), donde hay una presentación que explica de forma más gráfica algunas de las cuestiones comentadas.
https://www.facebook.com/societatdamicsserraespada/posts/pfbid02u5BAZoBH8HsYi3WVfejEbYNMwvuocStzz7EfwhDt2zqfPSMJe9kPocZDisGN2GmDl
FOTOGRAFÍAS DE ZONAS AFECTADAS POR LOS INCENDIOS Y SU EVOLUCIÓN
Regeneración de monte diverso, en el barranco de los Navarros, entre las Sierras de Espadán y Espina (término de Caudiel). Zona intensamente afectada en el incendio de 1994. Tres décadas después está igual o más denso que como estaba en 1990. Sin ninguna intervención humana.
Regeneración de monte, principalmente pinar, en la partida del Mas del Baile (Caudiel). Zona intensamente afectada en el incendio de 1994. Tres décadas después está similar a como era en 1990. La densa mancha de pinar ha sido el resultado de una reforestación humana.
Pinar de repoblación en el entorno del Mas de Noguera (Caudiel), zona afectada por el incendio de 1994. ¿Queremos volver a tener estos espesos pinares, sean espontáneos o replantados? A la larga son zonas muy peligrosas, con exceso de materia combustible, y con frecuencia de una continuidad enorme, aparte de su escasa diversidad y bajo valor ambiental.
Reforestación artificial con coníferas en el Mas del Baile (Caudiel). Zona intensamente afectada en el incendio de 1994. El monte no está mejor que otras zonas regeneradas naturalmente. Además ha sido desbrozada de matorral, con lo que presenta una diversidad y un valor ambiental bajísimos. Los desbroces y entresacas pueden servir para parcelar zonas, pero siempre y cuando estén bien definidos y tengan continuidad y mantenimiento, y no como en este caso, que es solo un rodal aislado.
Regeneración de pinar sobre campos abandonados en la zona de la fuente de la Chana (Viver). Zona intensamente afectada en el incendio de 2022. Cuatro años después, con periodos de sequía incluidos, la regeneración espontánea del pinar es bien intensa.
Regeneración de monte de coscoja y carrasca en la zona de la fuente de la Chana (Viver). Zona intensamente afectada en el incendio de 2022. Cuatro años después, con periodos de sequía incluidos, la regeneración espontánea del matorral es bastante aceptable.
Regeneración de matorral en suelo de “clapiza” (con abundante piedra caliza), en la zona de la fuente de la Chana (Viver). Zona intensamente afectada en el incendio de 2022. Cuatro años después, con periodos de sequía incluidos, la regeneración espontánea del matorral en estas zonas es aceptable, sabiendo que previamente tampoco tenían mucha cubierta, en parte por el suelo, pero también por el excesivo pastoreo al que estuvieron sometidas.
Estas dos fotografías muestran entornos dentro del término de Sacañet (pero lo mismo valdría para zonas de Bejís, Torás o Teresa). Estas zonas, muy castigadas por un excesivo pastoreo y/o cultivos durante muchas décadas, sufrieron dos incendios muy cercanos en el tiempo, en 2012 y en 2022. A lo que hay que añadir suelos muy pedregosos (como en estas fotos), o de materiales arcillosos y yesíferos (pobres en materia orgánica).
El resultado es una regeneración natural muy escasa, con rebrotes aislados de enebros y carrascas, junto a otros matorrales. Algunas de estas zonas fueron repobladas con pinar tras el incendio de 2012, pero ya se ve que no sirvió para nada, tal vez incluso favoreció el desarrollo del segundo incendio. Dada la dificultad de repoblar directamente con frondosas, cabe la duda de si tal vez valga la pena dejar que su regeneración sea lenta (pero casi segura), y no añadir de nuevo más zonas con alta densidad de coníferas, ni desperdiciar recursos que pueden ser empleados en otras zonas sin quemar.
No obstante, otra opción sería reforestar algunos rodales aislados que sirvieran de propagación y generaran cierta diversidad. Que por cierto, y aunque no nos lo parezca, las zonas de estepas, páramos y paisajes semidesérticos tienen un alto valor ambiental, con una buena representación de flora y fauna propias.
Paco Mas.
Colabora: José Ángel Cobo.
Octubre de 2026.
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