CEAP - GESAP

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lunes, 18 de mayo de 2026

SIMA DEL BARRANCO DE ÁRGUINAS, ALGAR DE PALANCIA – ALFARA DE LA BARONÍA


Actividad realizada el 2-5-2026 por miembros del GESAP-CEAP: José Nieto, Carol Mateu, Paco Muñoz, Guillermo Mateu y Paco Mas.


Coordenadas y acceso:  N39.76695 W0.36680  183 msnm

La zona tiene varios ramales de caminos, algunos sin salida. Nosotros hemos accedido desde el municipio de Algar de Palancia, tomando la carretera que lleva a Alfara de la Baronía. Tras cruzar el barranco de Árguinas, tomar un desvío asfaltado a la derecha (N39.76429 W0.36193), y tras cruzar por encima de las vías del tren, tomar otro desvío, también asfaltado y de nuevo a la derecha. Unos 150 metros después, en una curva a la izquierda tomar un estrecho camino asfaltado, sin salida, pero con espacio para aparcar varios vehículos junto a unos pinos (N39.76556 W0.36736). Desde aquí volveremos ya caminando al camino anterior, cruzaremos las vías del tren, y bajaremos al barranco dando un pequeño rodeo por la derecha, ya que por ahí hay pasos con menos vegetación. En la rambla nos dirigiremos hacia el puente de las vías del tren; junto a un pino y cerca de una pilastra del puente está la estrecha boca de la sima (la tapamos con un poco de vegetación, para evitar una posible caída de animales).

La sima se halla junto al mismo cauce del barranco de Árguinas, en su margen derecho. El barranco constituye la linde de los dos municipios, por lo que técnicamente estaría situada dentro del término del municipio de Alfara de la Baronía, si bien también podemos considerarla dentro del término de Algar de Palancia. Este barranco es denominado principalmente como de Árguinas, aunque también es denominado en algunas cartografías como barranco de Soma y conocido en parte como tal. 

 


Referencias generales de la zona:

Toda la zona del barranco de Árguinas, situado entre los términos de Segorbe, Algar de Palancia y Alfara de la Baronía (municipio con los derechos de riego sobre las aguas tomadas más arriba), tiene un indudable valor histórico y patrimonial. La existencia del antiguo Convento de la Orden de la Merced (siglo XIII), junto con su hospital (de hospitalidad), que siglos después se convertiría en la Masía de Árguinas, todo ello situado cerca del Camino Real (y tal vez también camino romano en su época), nos da a entender la importancia del lugar. Hoy lamentablemente todo el conjunto está en ruinas. Además, la zona tuvo un desarrollo agrario notable, y entre finales del siglo XIX y principios del XX se construyeron dos túneles para canalizar el agua a cargo de la Comunidad de Regantes de Alfara. Todavía están los dos túneles con sus pozos de extracción, uno en desuso y parcialmente derrumbado, y otro todavía en uso. La zona propiamente de campos está bastante abandonada, pero sí se usa el agua para el riego de otras zonas a menor altitud. El barranco es cruzado por varios puentes: de carreteras, de la vía del tren y de la vía verde (antiguo tren minero de Ojos Negros), del acueducto, y otro puente en la zona de la masía, en este caso de hierro.

Sobre los túneles se puede consultar la siguiente referencia:
http://www.cuevascastellon.uji.es/ES6D01.php?id=4608

Asimismo, hay un libro sobre la zona y el riego, titulado “Alfara y la fuente de Árguinas” de los autores R. Blanes Andrés y J. Mª. Marco Soler. Y también hay otro libro, que versa sobre las masías de Segorbe, y donde se habla de la masía de Árguinas, escrito por Plácido Benet Muñoz.

 

Fotos de la masía de Árguinas y de la iglesia del antiguo convento, tal vez por los años 60 del siglo XX

 
Dos imágenes del estado actual de la masía de Árguinas y otros elementos antiguos

Puente de hierro en la partida de Árguinas

Puente del canal de riego, cerca de Alfara

            
Referencias generales sobre la cavidad:

La cavidad era conocida por José Nieto, que entró de joven con unos amigos. No sabemos si tiene otro nombre ni si está documentada en algún sitio, ya que no hemos encontrado más referencias. Sin embargo sí fue explorada en algún momento por gente más experimentada, ya que cerca de la boca hay un viejo espit. El nombre referenciado es el que le hemos puesto nosotros.
Las rocas dominantes de la cavidad son conglomerados y calizas, sobre los que hay depositados densas capas de barro.


Descripción:

En la losa adjunta a la boca hay un casquillo de un viejo espit, que no hemos utilizado.

Un estrecho agujero de unos 40 centímetros de ancho conduce a un conducto en descenso de unos 3 metros, con un paso estrecho (bastante incómodo al subir). Sigue un resalte de unos 4 metros que se puede destrepar, aunque es aconsejable poner una cuerda que nos ayude en la subida, la cual se puede instalar en una punta natural. Llegamos a una primera sala en la que se puede destrepar sin problemas hasta el fondo. A la izquierda se abren un par de pasos que nos llevan a otra pequeña sala donde hay un goteo de agua, y en su punto de acceso hay unas raíces blanquecinas. En la base de la primera sala hay un par de puntos con agua embalsada, el más visible alimentado por dos goteos, uno el que viene de la pequeña sala antes comentada, y otro en la pared de enfrente; este pequeño remanente de agua hace de sifón o sumidero. Podemos seguir el conducto principal, ya con bastante barro y en general de poca altura, que nos lleva a la cabecera de un estrecho pozo por el que solo hemos podido bajar un poco, dado que el siguiente paso es muy estrecho. Por un lateral, dos rampas de subida y muy embarradas nos permiten acceder a la siguiente zona de la cavidad.

La última zona de la cavidad es una segunda sala, cuyo acceso es una complicada rampa de barro de unos 5 metros en la que es mejor poner una cuerda de ayuda (en un bloque natural). En un lateral se abre una chimenea que no parece llevar a ningún punto interesante (pero no lo sabemos), y en la base de la sala hay otro agujero muy estrecho, para nosotros impenetrable, pero en el que se escucha ruido de agua al fondo.

El desarrollo de la cavidad es de unos 50 metros, y la profundidad máxima es de unos 14 metros.

Adjuntamos un croquis aproximado, ya que por problemas técnicos no hemos podido hacer una topografía más precisa.

 



Estrecha entrada a la cavidad


Raíces en un punto del techo de la cavidad

Interior de la cavidad

Sala primera de la cavidad

Interior de la cavidad

Rampas de barro


miércoles, 6 de mayo de 2026

SITUACIÓN TRAS UN INCENDIO FORESTAL: ORGANISMOS REGENERADORES


Fecha: abril de 2026.
Autor: Paco Mas.
Colabora: José Ángel Cobo.


Las personas consideramos que los incendios forestales son grandes catástrofes que afectan gravemente a la naturaleza y también a la población humana, con enormes daños medioambientales y económicos. Y esto es bien cierto, sobre todo cuando los incendios son de gran extensión y reiterados en reducidos ciclos de tiempo.

Pero también es cierto que los incendios forestales son parte de un proceso natural, y de alguna manera contribuyen a la regeneración de los bosques. Aunque eso sí, el periodo de tiempo que podría considerarse “normal” para darse un incendio en un bosque es más largo que los tiempos en que se están produciendo actualmente. Las causas, aparte de las posibles intencionadas, son básicamente el estado de los montes, con grandes masas de coníferas y matorral, cuando no otras especies de repoblación como por ejemplo los eucaliptos, consecuencia por una parte del abandono del medio rural, y por otra de las inadecuadas gestiones de las repoblaciones durante varias décadas de nuestros montes (excesivo abuso de coníferas y abandono posterior de las repoblaciones). Todo ello sin contar con los efectos añadidos del cambio climático (mayores periodos de calor y procesos meteorológicos intensos).

Muestra de que los incendios son parte de un proceso natural es toda la secuencia de flora y fauna que se da tras ellos, y que crea sus ecosistemas temporales dentro de una evolución desde un entorno degradado hacia un bosque maduro (si hay la suerte de llegar a él), variado y con alta diversidad de especies, así como árboles con distinta velocidad de crecimiento (y no uniformes en edad).

Vamos a ver unos ejemplos de varios organismos que participan activamente en la regeneración de la naturaleza, bien tras un incendio, bien tras una degradación por diversas causas (como por ejemplo actividades agropecuarias intensivas), o bien en el mismo proceso de transformación y evolución de un entorno natural.

En la agricultura se sabe bien que algunas plantas, como por ejemplo las leguminosas, contribuyen en parte a la mejora de los suelos, por sus interacciones con seres microscópicos que fijan nitrógeno atmosférico en el suelo. Pues bien, lo mismo sucede en el medio natural. Unos ejemplos son tres plantas bien conocidas de la familia de las leguminosas: la aliaga, la aliaga parda y la albada. Las tres crecen mayoritariamente en zonas degradadas, sea por un uso intensivo del suelo o por cualquier otro factor, como puede ser un incendio, y aunque a corto plazo puedan suponer un riesgo añadido de otro incendio, a medio y largo plazo contribuyen seriamente a la mejora de los suelos, permitiendo el crecimiento posterior de otras especies, por lo que son consideradas como vegetación de regeneración. Otra cuestión es que a las personas nos “molesten” las aliagas por sus pinchos y por su excesiva cantidad en ocasiones; bueno, en general a las personas nos molestan muchas cosas, cuando en realidad nosotras somos la verdadera molestia para este planeta que nos acoge.

Aliaga, Ulex parviflorus. Viver, noviembre/2025

 
Aliaga parda, Genista scorpius. Bejís (Las Ventas), abril/2026

Albada, Anthyllis cytisoides. Viver (La Chana), abril/2026

Por otra parte vamos a hablar de otros seres vivos relacionados con la descomposición de la madera muerta o enferma, independientemente de si el motivo de la muerte de un árbol es por causas naturales (por ejemplo rayos o temporales), por enfermedades causadas por microbios, artrópodos u hongos (parásitos propiamente dichos y que en general no son los mismos que  los descomponedores finales), o bien por los incendios forestales.

Como ya se ha dicho, en general los parásitos son unos organismos y los descomponedores son otros. Bajo nuestra moral humana sobrarían los parásitos (salvo nosotros, claro), dilema que no cabe o no se puede entender en la naturaleza y sus leyes de la evolución. Pero sea para el equilibrio de la naturaleza o para nuestra lógica (no necesariamente sensata), lo que sí es imprescindible es todo el conjunto de seres vivos que se dedican al “reciclaje” de los restos orgánicos: bien los que transforman los excrementos, bien los que transforman los cadáveres, bien los que transforman los restos vegetales. Sería inimaginable un bosque donde nada transformase la leña, las piñas, las hojas y demás partes, donde se acumulasen todos esos restos. Por otra parte también sucede que algunas personas piensan que los restos “se pudren” ellos solos; pues no es así, siempre es necesaria la labor de determinados seres vivos, algunos macroscópicos, y muchos más microscópicos, trabajando en común, para reincorporar los nutrientes a las cadenas tróficas.

Veamos dos seres vivos involucrados en estos procesos.

Por un lado tenemos a un buen montón de hongos xilófagos o descomponedores de la madera, (los parásitos suelen ser otros grupos de hongos), entre los cuales los más visibles son los que vulgarmente llamamos yesqueros. Estos hongos actúan sobre árboles muertos o ya moribundos. Las setas (siempre bien bonitas y en ocasiones enormes) son el órgano reproductor; el hongo propiamente dicho es una red de fibras (micelio). Todos estos hongos son fundamentales en los procesos de los ecosistemas, aunque sean organismos apenas visibles, y desde luego apenas valorados por las personas, que en general prestamos escasa atención y aprecio a multitud de ellos, especialmente los pequeños, que no por ello menos importantes. Es curioso que muchas personas sólo entienden que la madera puede desaparecer si la quemas, y no que es un material que sirve como alimento a otros seres vivos y que acaba siendo reconvertido en nuevos nutrientes. Por cierto, los tejidos de las plantas se componen de lignina y celulosa, moléculas complejas de digerir; solo los hongos y algunas bacterias pueden hacerlo, bien por su propia cuenta, o bien alojados en los intestinos de animales como algunos mamíferos o escarabajos.

Setas de un hongo xilófago descomponiendo tocones de pinos tras un incendio. Viver (La Chana), noviembre/2025

 
Micelio de un hongo descomponiendo restos de madera dentro de una cavidad. Marruecos, 2019

Ahora hablaremos de un insecto en general conocido por su gran porte, pero del que se suele desconocer su biología. Se trata del escarabajo rinoceronte, Oryctes nasicornis, cuya etapa adulta podemos observar allá por principios del verano, en general bajo farolas de luz y ya muertos o moribundos. El macho tiene un característico cuerno mientras que la hembra carece del mismo. Esta etapa adulta, la última de su ciclo vital, dura pocos días, en los cuales no se alimentan y su única función es encontrar pareja, copular y poner nuevos huevos. Su vida larvaria, cuya forma es un gusano blanquecino, es bastante más larga (unos pocos años), y se alimenta descomponiendo madera (con la ayuda de determinados microorganismos en sus intestinos). Junto a otros escarabajos se les considera pues como saproxilófagos. Puede alimentarse de cualquier árbol muerto o moribundo (aunque esta especie parece ser que no se alimenta de coníferas), o de cualquier montón de restos de madera. Así pues estamos hablando de un insecto descomponedor de madera muerta, y que por tanto contribuye a los procesos de regeneración de la naturaleza; ya podríamos aprender algo los humanos, que parece que sólo sabemos degenerarla, y si no somos capaces de regenerar, al menos podríamos aprender a valorar el esfuerzo o función de muchos otros organismos vivos.

 

Ejemplar de macho adulto, Oryctes nasicornis. Viver


Por último hablaremos de otro insecto, en este caso no es un descomponedor sino un parásito, término que en general nos ocasiona rechazo. No obstante, el parasitismo es una de las formas de relacionarse los organismos en la naturaleza, y no deberíamos juzgarlas bajo nuestra moral. Se trata de una avispa, la avispa de mayor tamaño de las autóctonas de Europa (hasta 4 centímetros de envergadura), conocida vulgarmente como avispa mamut, y cuyo nombre científico es Megascolia maculata. En estado adulto, el que podemos ver en condiciones normales, se alimenta del néctar y polen de las flores, siendo por tanto uno más de los múltiples insectos polinizadores, mientras que en su estado larvario se alimenta de las larvas del escarabajo rinoceronte y de otros de esa familia (Dynastinae). Por ello es fácil encontrar a las avispas cerca de árboles muertos u otros restos de madera, donde las hembras buscan oquedades por donde entrar en busca de las larvas de los escarabajos. Una vez que encuentran una larva, la paralizan y ponen sobre ella un solo huevo. Por tanto, de alguna manera podemos considerar a la avispa mamut como parte del ecosistema natural de la regeneración de la madera.

Estas avispas son solitarias, no construyen panales, y son bastante inofensivas para el ser humano, pero pueden picar o morder si son molestadas. Aunque claro, los escarabajos no están de acuerdo en considerarlas como inofensivas.

 


Ejemplares adultos de avispa mamut, Megascolia maculata. Viver, junio/2024