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miércoles, 6 de mayo de 2026

SITUACIÓN TRAS UN INCENDIO FORESTAL: ORGANISMOS REGENERADORES


Fecha: abril de 2026.
Autor: Paco Mas.
Colabora: José Ángel Cobo.


Las personas consideramos que los incendios forestales son grandes catástrofes que afectan gravemente a la naturaleza y también a la población humana, con enormes daños medioambientales y económicos. Y esto es bien cierto, sobre todo cuando los incendios son de gran extensión y reiterados en reducidos ciclos de tiempo.

Pero también es cierto que los incendios forestales son parte de un proceso natural, y de alguna manera contribuyen a la regeneración de los bosques. Aunque eso sí, el periodo de tiempo que podría considerarse “normal” para darse un incendio en un bosque es más largo que los tiempos en que se están produciendo actualmente. Las causas, aparte de las posibles intencionadas, son básicamente el estado de los montes, con grandes masas de coníferas y matorral, cuando no otras especies de repoblación como por ejemplo los eucaliptos, consecuencia por una parte del abandono del medio rural, y por otra de las inadecuadas gestiones de las repoblaciones durante varias décadas de nuestros montes (excesivo abuso de coníferas y abandono posterior de las repoblaciones). Todo ello sin contar con los efectos añadidos del cambio climático (mayores periodos de calor y procesos meteorológicos intensos).

Muestra de que los incendios son parte de un proceso natural es toda la secuencia de flora y fauna que se da tras ellos, y que crea sus ecosistemas temporales dentro de una evolución desde un entorno degradado hacia un bosque maduro (si hay la suerte de llegar a él), variado y con alta diversidad de especies, así como árboles con distinta velocidad de crecimiento (y no uniformes en edad).

Vamos a ver unos ejemplos de varios organismos que participan activamente en la regeneración de la naturaleza, bien tras un incendio, bien tras una degradación por diversas causas (como por ejemplo actividades agropecuarias intensivas), o bien en el mismo proceso de transformación y evolución de un entorno natural.

En la agricultura se sabe bien que algunas plantas, como por ejemplo las leguminosas, contribuyen en parte a la mejora de los suelos, por sus interacciones con seres microscópicos que fijan nitrógeno atmosférico en el suelo. Pues bien, lo mismo sucede en el medio natural. Unos ejemplos son tres plantas bien conocidas de la familia de las leguminosas: la aliaga, la aliaga parda y la albada. Las tres crecen mayoritariamente en zonas degradadas, sea por un uso intensivo del suelo o por cualquier otro factor, como puede ser un incendio, y aunque a corto plazo puedan suponer un riesgo añadido de otro incendio, a medio y largo plazo contribuyen seriamente a la mejora de los suelos, permitiendo el crecimiento posterior de otras especies, por lo que son consideradas como vegetación de regeneración. Otra cuestión es que a las personas nos “molesten” las aliagas por sus pinchos y por su excesiva cantidad en ocasiones; bueno, en general a las personas nos molestan muchas cosas, cuando en realidad nosotras somos la verdadera molestia para este planeta que nos acoge.

Aliaga, Ulex parviflorus. Viver, noviembre/2025

 
Aliaga parda, Genista scorpius. Bejís (Las Ventas), abril/2026

Albada, Anthyllis cytisoides. Viver (La Chana), abril/2026

Por otra parte vamos a hablar de otros seres vivos relacionados con la descomposición de la madera muerta o enferma, independientemente de si el motivo de la muerte de un árbol es por causas naturales (por ejemplo rayos o temporales), por enfermedades causadas por microbios, artrópodos u hongos (parásitos propiamente dichos y que en general no son los mismos que  los descomponedores finales), o bien por los incendios forestales.

Como ya se ha dicho, en general los parásitos son unos organismos y los descomponedores son otros. Bajo nuestra moral humana sobrarían los parásitos (salvo nosotros, claro), dilema que no cabe o no se puede entender en la naturaleza y sus leyes de la evolución. Pero sea para el equilibrio de la naturaleza o para nuestra lógica (no necesariamente sensata), lo que sí es imprescindible es todo el conjunto de seres vivos que se dedican al “reciclaje” de los restos orgánicos: bien los que transforman los excrementos, bien los que transforman los cadáveres, bien los que transforman los restos vegetales. Sería inimaginable un bosque donde nada transformase la leña, las piñas, las hojas y demás partes, donde se acumulasen todos esos restos. Por otra parte también sucede que algunas personas piensan que los restos “se pudren” ellos solos; pues no es así, siempre es necesaria la labor de determinados seres vivos, algunos macroscópicos, y muchos más microscópicos, trabajando en común, para reincorporar los nutrientes a las cadenas tróficas.

Veamos dos seres vivos involucrados en estos procesos.

Por un lado tenemos a un buen montón de hongos xilófagos o descomponedores de la madera, (los parásitos suelen ser otros grupos de hongos), entre los cuales los más visibles son los que vulgarmente llamamos yesqueros. Estos hongos actúan sobre árboles muertos o ya moribundos. Las setas (siempre bien bonitas y en ocasiones enormes) son el órgano reproductor; el hongo propiamente dicho es una red de fibras (micelio). Todos estos hongos son fundamentales en los procesos de los ecosistemas, aunque sean organismos apenas visibles, y desde luego apenas valorados por las personas, que en general prestamos escasa atención y aprecio a multitud de ellos, especialmente los pequeños, que no por ello menos importantes. Es curioso que muchas personas sólo entienden que la madera puede desaparecer si la quemas, y no que es un material que sirve como alimento a otros seres vivos y que acaba siendo reconvertido en nuevos nutrientes. Por cierto, los tejidos de las plantas se componen de lignina y celulosa, moléculas complejas de digerir; solo los hongos y algunas bacterias pueden hacerlo, bien por su propia cuenta, o bien alojados en los intestinos de animales como algunos mamíferos o escarabajos.

Setas de un hongo xilófago descomponiendo tocones de pinos tras un incendio. Viver (La Chana), noviembre/2025

 
Micelio de un hongo descomponiendo restos de madera dentro de una cavidad. Marruecos, 2019

Ahora hablaremos de un insecto en general conocido por su gran porte, pero del que se suele desconocer su biología. Se trata del escarabajo rinoceronte, Oryctes nasicornis, cuya etapa adulta podemos observar allá por principios del verano, en general bajo farolas de luz y ya muertos o moribundos. El macho tiene un característico cuerno mientras que la hembra carece del mismo. Esta etapa adulta, la última de su ciclo vital, dura pocos días, en los cuales no se alimentan y su única función es encontrar pareja, copular y poner nuevos huevos. Su vida larvaria, cuya forma es un gusano blanquecino, es bastante más larga (unos pocos años), y se alimenta descomponiendo madera (con la ayuda de determinados microorganismos en sus intestinos). Junto a otros escarabajos se les considera pues como saproxilófagos. Puede alimentarse de cualquier árbol muerto o moribundo (aunque esta especie parece ser que no se alimenta de coníferas), o de cualquier montón de restos de madera. Así pues estamos hablando de un insecto descomponedor de madera muerta, y que por tanto contribuye a los procesos de regeneración de la naturaleza; ya podríamos aprender algo los humanos, que parece que sólo sabemos degenerarla, y si no somos capaces de regenerar, al menos podríamos aprender a valorar el esfuerzo o función de muchos otros organismos vivos.

 

Ejemplar de macho adulto, Oryctes nasicornis. Viver


Por último hablaremos de otro insecto, en este caso no es un descomponedor sino un parásito, término que en general nos ocasiona rechazo. No obstante, el parasitismo es una de las formas de relacionarse los organismos en la naturaleza, y no deberíamos juzgarlas bajo nuestra moral. Se trata de una avispa, la avispa de mayor tamaño de las autóctonas de Europa (hasta 4 centímetros de envergadura), conocida vulgarmente como avispa mamut, y cuyo nombre científico es Megascolia maculata. En estado adulto, el que podemos ver en condiciones normales, se alimenta del néctar y polen de las flores, siendo por tanto uno más de los múltiples insectos polinizadores, mientras que en su estado larvario se alimenta de las larvas del escarabajo rinoceronte y de otros de esa familia (Dynastinae). Por ello es fácil encontrar a las avispas cerca de árboles muertos u otros restos de madera, donde las hembras buscan oquedades por donde entrar en busca de las larvas de los escarabajos. Una vez que encuentran una larva, la paralizan y ponen sobre ella un solo huevo. Por tanto, de alguna manera podemos considerar a la avispa mamut como parte del ecosistema natural de la regeneración de la madera.

Estas avispas son solitarias, no construyen panales, y son bastante inofensivas para el ser humano, pero pueden picar o morder si son molestadas. Aunque claro, los escarabajos no están de acuerdo en considerarlas como inofensivas.

 


Ejemplares adultos de avispa mamut, Megascolia maculata. Viver, junio/2024

 

 

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