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lunes, 20 de diciembre de 2021

CUENTO "HISTORIA DE UNA PIEDRA"

 

HISTORIA DE UNA PIEDRA”


Mi historia es larga, muy larga, complicada, repleta de avatares.

Mis recuerdos más antiguos son lejanos. De hace miles de millones de años.

Todo era muy distinto.

En nuestro planeta todavía no existía una vida biológica como la que ahora conocemos.

La Tierra comenzaba a enfriarse, las temperaturas eran altas y los volcanes eran muy activos.

 

Una de las corrientes del abundante magma que ascendía hacia la superficie quedó solidificada por el camino, formándose una roca muy dura, el granito. Ahí creo que nací yo como roca. Pero no os creáis, no me parecía en nada a lo que soy ahora.


Pasó el tiempo, mucho, y el empuje nos llevó hacia la superficie, al tiempo que las enormes fuerzas que se daban nos iban demoliendo y fracturando. En el exterior las cosas no eran mejores. Intensos procesos erosivos, así como presiones de los frecuentes movimientos de la corteza del planeta, produjeron en un largo periodo de tiempo una fragmentación de nuestra estructura rocosa. Poco a poco dejábamos de ser grandes rocas compactas, pasando a ser arenas y restos desmenuzados, arrastradas y amontonadas en vastas extensiones; éramos como un gran desierto. Tampoco en esa época sería fácil reconocerme, pues era muy distinta a mi forma actual, aunque mi esencia era la misma.


El tiempo siguió su curso, y nuevos cataclismos afectaron al planeta.

Recuerdo poco de aquella época, pero ya se manifestaba la vida, de una forma intensa y diferente a la actual, pero concentrada en los medios acuáticos.

Poco a poco la zona donde yo estaba se fue hundiendo, quedando inundada por un gran mar. Sucedieron millones de años bajo el peso del agua y de las enormes capas de sedimentos, muchos de ellos de origen orgánico; fue tal la presión que, como consecuencia, de nuevo me compacté como roca, una roca dura, de color rojizo, pues en todos estos procesos me había combinado con otros materiales conocidos como óxidos de hierro.


Siguieron épocas más calmadas, y otras más activas, durante millones de años. Ya dije que mi vida es larga. Durante un tiempo las aguas se retiraron, dando paso a fuertes procesos de desecación y evaporación; eso me contaron, porque yo seguía todavía bajo otras capas de rocas. Estaba a salvo de los procesos erosivos del exterior, pero allí nadie se libraba de las presiones y movimientos bajo la corteza, por lo que las fracturas eran frecuentes. También ocurría a veces que tan grandes eran las tensiones y temperaturas, que algunas rocas cambiaban tanto que acababan siendo irreconocibles, llegando a ser piedras diferentes. Yo, afortunadamente, quedé al margen de esos cambios.


Hace algunos millones de años se dieron cambios muy importantes en las capas exteriores de nuestro planeta, y de nuevo la zona donde yo estaba comenzó a elevarse, quedando por fuera de los niveles del agua, cada vez más alta. Y fue inevitable, conforme ganábamos altitud, los procesos erosivos retornaron. Nadie, ninguna roca, se libraba de aquello; las más débiles, u otras que soportan peor ciertas condiciones, se degradaron antes, y según zonas, iban quedando al exterior diferentes tipos de rocas, cada una con su propia historia y tiempo.


Restos de cada tipo de roca, de las diferentes capas, también parte de mí, fueron de nuevo arrastradas hacia zonas más bajas, formando de nuevo extensos mantos de materiales, esta vez muy mezclados, muy heterogéneos. Yo tuve la suerte de ser bastante dura, y pude resistir en parte con la forma que adopté cuando me compacté bajo el peso de otros materiales.


Muy recién, han aparecido unos extraños seres, empeñados en alterarlo y modificarlo todo. A veces nos colocan de una forma rara, que ellos llaman orden, para hacer muros y paredes. Tras enormes fatigas, de pronto parece no interesarles ya eso, nos olvidan y poco a poco nos vamos desmoronando de nuevo.


Yo fui una de las piedras colocadas de tal modo. Ahí sigo, esperando lo que el futuro me depare, que deber ser mucho, porque mi historia todavía será larga. ¡Ah!, por cierto, esos seres nos han puesto nombres: unos nos llaman areniscas y otros rodenos.

 

 


Paco Mas, noviembre de 2021.

 

 

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