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lunes, 27 de diciembre de 2021

CUENTO “LA HUMILDE TOSCA”


“LA HUMILDE TOSCA”


Me han pedido que cuente mi historia, pero no sé …
He de reconocer que mi autoestima no es alta.

Mis congéneres, las demás rocas, tienden a despreciarme, diciendo que mi vida es corta y no tengo apenas que contar, que no tengo buenas propiedades ni soy dura, y para colmo, que carezco de pureza.
Reconozco que tienen buena parte de razón.

Los humanos también afirman que no sirvo para casi nada, a lo sumo para hacer paredes, y poco más. Pero afortunadamente, algunas personas creen que soy bonita, que adopto extrañas y curiosas formas. Siempre y cuando no se me compare con unas primas mías, esas que se forman en las cuevas.

Sobre mi vida, es verdad que comparada con muchas otras rocas, ésta es muy breve. Hablamos de uno o dos millones de años, una ridiculez en tiempos geológicos. No obstante, tengo antepasados, algunos mucho más antiguos.
Lo cierto es que tampoco sé mucho, pero me contaron que los primeros ancestros de los que se tiene noticia se crearon en una lejana época, hace unos quinientos millones de años, cuando se dieron una o varias explosiones de la vida geológica; no recuerdo bien si era el Cámbrico, ¿o sería el Pérmico?

Cuentan que gran parte de ese modo de vida adoptó como caparazón o esqueleto un material que es la esencia de mi ser, el carbonato cálcico. Y fue tal el nivel de la vida que se desarrolló en los mares, que cuando morían y caían al fondo, se formaron enormes capas de sedimentos. El peso de las sucesivas capas y del agua hizo que se compactasen. Pero claro, la cosa no acabo ahí, porque la historia de nuestro planeta es muy convulsa. Capas de rocas que estaban bajo otras, debido a enormes fuerzas y movimientos, acababan saliendo a la superficie, donde agentes como el viento, el agua y los líquenes, entre otros, las degradaban sin compasión, siendo arrastrados sus restos a otros lugares, para luego volver a amontonarse y compactarse. Estos ciclos, junto con los diferentes momentos de la vida biológica, formaron lo que vemos hoy. Así me lo contaron.

Pero si hablo de mí, me resulta inevitable hablar del agua, ella lo es todo para mí. Es quien principalmente me disuelve, y es quien principalmente me forma.
Con su acidez disolvió una y otra vez a mis antecesores. Pero cuando se evapora, y lleva muchos restos de mi esencia, estos vuelven a juntarse y compactarse; a eso le llaman precipitar o cristalizar, palabras un poco raras. Así se forman mis primas, las de las cuevas que ya he comentado. Y así me formo yo, solo que en mi caso el agua lleva muchos fragmentos de otros materiales, como restos de vegetales, y en consecuencia, yo soy una roca con mucho carbonato, pero también con muchos otros componentes. De ahí que se me desprecie por tener muchas impurezas, pero ¿acaso eso es malo?
Es verdad, soy una combinación de muchos materiales, aunque esa amalgama es la que me da riqueza e interés, y también la diversidad de mis formas.

Vuelvo a lo del agua, porque recuerdo muy bien cómo era el paisaje de bonito cuando me formé, más o menos como soy ahora, o muy parecida. Había mucha agua, en lagos sucesivos, derramándose unos sobre otros. Yo nací en el fondo de esos lagos y en sus paredes, creciendo en metros y metros de espesor. Por eso dicen de mí que soy una roca de origen lacustre, ¡¡vaya palabreja!!

No acabaré sin hablar de mi nombre. En estas tierras de habla “churra” me llaman “tosca”, palabra que me gusta mucho, porque creo que se amolda a mi manera de ser, en el sentido de ruda o basta; reconozco que no soy muy fina. También me llaman toba, pero ese nombre me gusta menos porque me confunde con una roca muy diferente, la toba volcánica, esa que se forma al solidificar la lava de los volcanes, y que tanto daño ocasiona ¡Qué diferencia entre el nacimiento oscuro de esas tobas, y el nacimiento mío en los lagos llenos de vida! Otro nombre por el que se me conoce es travertino, pero no sé, me parece una palabra algo fina para mí. Ya lo dije, tengo la autoestima un poco baja.



Paco Mas, noviembre de 2021.

 

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